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"Es una responsabilidad institucional de enorme relevancia, pero también una oportunidad para demostrar el compromiso de la ingeniería informática con el bienestar social"

Apenas una semana después del evento de presentación del informe #InfanciaDigital, en el que el Consejo General de Ingeniería Informática ha trabajado junto a UNICEF, Red.es y la Universidade de Santiago de Compostela, desde el CCII queremos hacer balance de las repercusiones de esta publicación en la que han participado casi 100.000 niños y adolescentes de todo el país y en el que se arrojan una serie de datos a tener en cuenta. El presidente, Fernando Suárez, del CCII analiza, a través de estas preguntas, lo que supone este informe y el papel que juega dentro de la protección de la infancia y de la adolescencia.
1) ¿Qué motivó al CCII a liderar y participar en este estudio sobre “Infancia, Adolescencia y Bienestar Digital”?
Para el CCII, este estudio es la continuidad natural de un compromiso que viene de lejos. Ya colaboramos con UNICEF, Red.es y la Universidad de Santiago de Compostela en el que fue, en 2020, el mayor estudio europeo sobre el impacto de la tecnología en la adolescencia, y aquella experiencia nos mostró que la ingeniería informática debía tener un papel más activo en la construcción de un entorno digital seguro para la infancia. Nos motivó especialmente la necesidad de actualizar el conocimiento en un contexto donde la inteligencia artificial, los algoritmos de recomendación y la hiperconectividad influyen directamente en la vida cotidiana de niños, niñas y adolescentes. También nos impulsó la convicción de que el debate social sobre tecnología y menores debe estar acompañado de una base técnica sólida. Como profesionales de la ingeniería informática, sentimos la responsabilidad de aportar esa visión rigurosa, independiente y centrada en el interés superior del menor.
2) ¿Cuál cree que es el papel específico del CCII en la gobernanza del entorno digital para menores?
El papel del CCII es el de garante profesional en un ecosistema digital que, en muchas ocasiones, avanza más rápido que la capacidad regulatoria. Somos la voz que traduce cuestiones técnicas complejas —cómo funcionan los algoritmos, qué implicaciones tiene la verificación de edad, cómo se diseñan los sistemas de control o de protección— a un lenguaje comprensible para las administraciones, las empresas y la sociedad. Además de aportar conocimiento experto, impulsamos estándares éticos y buenas prácticas en diseño digital. En este ámbito resulta especialmente relevante el trabajo que hemos desarrollado junto a la Agencia Española de Protección de Datos para crear un sistema robusto y respetuoso de verificación de edad, una herramienta clave para limitar accesos a contenidos inapropiados y para garantizar derechos fundamentales en el entorno digital. En definitiva, el CCII actúa como puente entre la innovación tecnológica y la protección efectiva de la infancia.
3) ¿Qué supone para el Consejo participar en este estudio?
Para el Consejo, esta participación es una responsabilidad institucional de enorme relevancia, pero también una oportunidad para demostrar con hechos el compromiso de la ingeniería informática con el bienestar social. Desde el primer momento asumimos el reto de garantizar el rigor tecnológico del estudio, liderando el diseño de una infraestructura capaz de gestionar más de 100.000 cuestionarios, diferenciados por niveles educativos, disponibles en seis idiomas y desplegados bajo estrictas condiciones de estabilidad, seguridad y accesibilidad. El procesamiento de millones de datos exigió aplicar técnicas avanzadas de Big Data e inteligencia artificial, con sistemas automáticos de depuración, validación y análisis. También desarrollamos cuadros de mando interactivos que permiten visualizar los resultados de forma sencilla y transparente. Para el CCII, formar parte de una iniciativa de esta magnitud no solo refuerza nuestra misión, sino que muestra el valor de unir ciencia, tecnología y derechos de la infancia.
4) El estudio encuestó a casi 100.000 niños, niñas y adolescentes. ¿Qué supone acceder a una muestra tan amplia?
Acceder a una muestra de casi 100.000 menores es excepcional en términos científicos y técnicos. Permite analizar el comportamiento digital de la infancia y adolescencia con un nivel de precisión que rara vez se alcanza, identificar patrones emergentes y realizar segmentaciones muy detalladas por edad, territorio o curso académico. También nos ofrece un espejo realista del país, no una fotografía parcial. La amplitud de la muestra, unida al anonimato garantizado desde el diseño técnico del sistema, favoreció una participación completamente libre y honesta, algo fundamental cuando se tratan cuestiones como bienestar emocional, ciberacoso o hábitos digitales. Esta base de datos es, probablemente, una de las más valiosas que existen ahora mismo en Europa para comprender cómo viven los menores su relación con la tecnología.
5) Se utilizaron tecnologías de Big Data e inteligencia artificial. ¿Cómo se aplicaron estas técnicas en el análisis del informe?
El volumen de información recogido en el estudio obligó a diseñar un sistema de tratamiento avanzado basado en Big Data e inteligencia artificial. En una primera fase, estas tecnologías permitieron procesar millones de registros, normalizar datos, eliminar inconsistencias y validar automáticamente la integridad de las respuestas. Posteriormente, mediante algoritmos de aprendizaje automático, se identificaron patrones complejos que relacionan hábitos de uso, estados emocionales, relaciones sociales y comportamientos de riesgo. La IA también facilitó la segmentación de perfiles según intensidad de uso, plataformas preferidas o niveles de supervisión. Todo ello se realizó con los datos completamente anonimizados y bajo un marco ético estricto. Finalmente, el CCII desarrolló cuadros de mando interactivos que acercan los resultados a investigadores, docentes y gestores públicos, permitiendo navegar por los datos de forma visual y transparente.
6) Uno de los hallazgos alarmantes es que el 5,7 % de los jóvenes podría tener un uso problemático de redes sociales. ¿Qué factores creen que están detrás de ese uso problemático?
El uso problemático de redes sociales no es fruto de una única causa, sino de una combinación de factores que se intensifican en la adolescencia. Las propias plataformas están diseñadas para maximizar la atención y prolongar el tiempo de uso mediante mecanismos de recompensa, notificaciones constantes o algoritmos que priorizan contenidos altamente estimulantes. A esto se suma la presión social entre iguales y la búsqueda de validación, especialmente intensa en etapas como Bachillerato. La falta de acompañamiento adulto y la escasa alfabetización digital y emocional dificultan la gestión del conflicto, la comparación social o la frustración. En muchos casos, el uso excesivo de redes está relacionado también con malestares previos, dificultades sociales o necesidades emocionales no atendidas. El dato del 5,7 % es una señal de alarma que invita a actuar desde el diseño tecnológico, la educación y la salud pública.
7) El informe advierte que existe una “cuestión de salud pública” en el uso intensivo de tecnología. ¿Cómo debe abordarse desde la ingeniería informática?
Desde la ingeniería informática, abordar esta situación como un asunto de salud pública implica asumir que el diseño de las plataformas tiene un impacto directo en el bienestar de los menores. Las tecnológicas deben incorporar desde el inicio criterios de "seguridad por defecto" y "bienestar por diseño", incluyendo límites razonables de uso, herramientas de descanso digital, advertencias tempranas ante conductas compulsivas y una mayor transparencia en los algoritmos que determinan qué ve un menor y durante cuánto tiempo. La salud pública también requiere sistemas capaces de medir el impacto real de la tecnología en la vida de los jóvenes. La ingeniería informática tiene la capacidad de convertir esas necesidades en soluciones técnicas tangibles, que vayan mucho más allá de la mera recomendación teórica.
8) Según el informe, uno de cada diez menores reporta ciberacoso y uno de cada tres adolescentes ha sufrido violencia digital en la pareja. ¿Cómo puede ayudar el CCII a promover mejores herramientas tecnológicas de prevención o intervención?
El CCII puede contribuir de varias formas. Una de ellas es impulsando tecnologías de detección temprana que identifiquen patrones de acoso, lenguaje violento o dinámicas de control en las interacciones digitales, siempre desde un enfoque ético y garantista. También podemos promover sistemas de denuncia más accesibles y adaptados a la edad, así como metodologías de moderación automatizada más transparentes y respetuosas con los derechos de los menores. Además, el análisis técnico del estudio nos permite ofrecer recomendaciones concretas a centros educativos, administraciones y empresas, para integrar herramientas y protocolos que respondan de manera más rápida y eficaz. Para nosotros, la tecnología no es solo parte del problema: bien diseñada, es una parte esencial de la solución.
9) La falta de vigilancia por parte de los adultos duplica los comportamientos de riesgo online. ¿Qué recomendaciones hace el CCII para padres y docentes?
La primera recomendación es sustituir la vigilancia por el acompañamiento. Los menores necesitan adultos que hablen con ellos sobre sus experiencias digitales, que establezcan normas consensuadas y que comprendan qué plataformas usan y por qué. La segunda es promover una alfabetización digital continua, tanto en familias como en profesorado, que permita entender la configuración de la privacidad, los riesgos asociados a determinadas prácticas y el funcionamiento de los controles parentales. Finalmente, recomendamos que los dispositivos y servicios utilizados por los menores estén configurados correctamente desde el inicio, con perfiles adaptados a su edad, límites razonables y herramientas de supervisión equilibradas. La presencia adulta sigue siendo uno de los factores de protección más importantes en el entorno digital.
10) ¿Cómo puede la ingeniería informática contribuir a diseñar plataformas más seguras y saludables para la infancia, más allá de la regulación?
Más allá de lo que dicte la ley, la ingeniería informática puede —y debe— diseñar plataformas que sitúen a la infancia en el centro. Esto incluye interfaces adecuadas a cada etapa de desarrollo, algoritmos que reduzcan la exposición a contenido dañino, sistemas de recomendación menos agresivos, funciones de desconexión inteligente y herramientas de moderación basadas en inteligencia artificial explicable. También es fundamental contar con mecanismos de verificación de edad realmente eficaces, como los que hemos desarrollado junto a la AEPD, que permitan aplicar restricciones sin invadir la privacidad. Todo esto demuestra que la protección de la infancia es una cuestión de diseño, no solo de regulación.
11) ¿Qué regulaciones adicionales serían más urgentes para proteger el bienestar digital de los menores?
Las prioridades regulatorias pasan por reforzar los sistemas de verificación de edad, exigir mayor transparencia y rendición de cuentas a las grandes plataformas —especialmente en lo relativo a algoritmos y diseño adictivo— y mejorar los controles parentales para que sean interoperables, comprensibles y realmente eficaces. También es necesario abordar la publicidad dirigida a menores y avanzar hacia modelos de responsabilidad compartida entre industria, administraciones y sociedad. El objetivo no es limitar la tecnología, sino garantizar que su diseño y funcionamiento respeten los derechos fundamentales de los más jóvenes.
12) ¿Cómo espera que el CCII colabore con otros actores para traducir estas conclusiones en políticas prácticas y efectivas?
El CCII aspira a actuar como socio técnico de referencia para administraciones, centros educativos y empresas tecnológicas. Nuestro compromiso es aportar conocimiento experto para desarrollar políticas públicas basadas en evidencia, ayudar a diseñar herramientas prácticas que mejoren el bienestar digital y acompañar a la industria en la adopción de estándares más responsables. La colaboración con UNICEF, Red.es y la USC demuestra que cuando la ciencia, la tecnología y los derechos de la infancia trabajan juntas, se genera un impacto real. Nuestro objetivo ahora es convertir los datos y conclusiones del informe en acciones concretas que transformen positivamente la vida digital de niños, niñas y adolescentes.



