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Silvia Rueda: "La tecnología es una oportunidad si la construimos de forma ética, diversa e igualitaria"

Silvia Rueda Pascual recibirá este viernes el Premio Ángela Ruiz Robles, otorgado por el Grupo de Mujeres en Ingeniería Informática del CCII. En esta entrevista repasa los avances y desafíos pendientes en igualdad dentro de la ingeniería informática, reflexiona sobre la necesidad de una inteligencia artificial ética y diversa y reivindica la importancia de derribar barreras y estereotipos para acercar la tecnología a las nuevas generaciones. Desde múltiples perspecticas como la universidad, la investigación y la gestión pública, defiende una idea clara: construir una tecnología mejor pasa por construir una profesión más inclusiva.
- Acabas de recibir el Premio Ángela Ruiz Robles 2026, un reconocimiento ligado a innovación, tecnología y referentes femeninos. ¿Qué significa para ti recibir un premio con ese nombre y ese simbolismo?
La verdad es que para mí recibir el premio Ángela Ruiz Robles de este año 2026, lo primero es un honor. Yo sigo teniendo mucho complejo de impostora, de que no he hecho nada en toda mi trayectoria y la verdad que recibir un premio de mis propios compañeros y compañeras del Consejo de Colegios de Ingeniería Informática es un honor, una responsabilidad y sí es verdad que tiene mucho simbolismo detrás, ¿no?
La carga de tener esa referente española, precursora del libro electrónico que conocemos y que cada vez que citamos a una mujer en tiempos donde todavía no se conocían que las mujeres nos dedicábamos a la a la tecnología, es algo muy importante y me abruma un poco convertirme en un referente más.
Lo intento asumir con normalidad de cara a que otras jóvenes y niñas vean que somos mujeres normales y corrientes las que nos dedicamos a la ingeniería informática y que podemos ser un referente para para ellas. También para para ellos, que también es verdad que hace falta que ellos vean que somos mujeres dedicándonos a la ingeniería informática.
- Buena parte de tu trayectoria ha estado centrada en reducir la brecha digital de género y fomentar vocaciones STEM entre las jóvenes. ¿Has notado cambios reales en estos años o seguimos avanzando demasiado despacio?
Yo soy de la promoción 93-98, que fue la primera promoción de Ingeniería Informática en la Universitat de València. Antes no teníamos esta titulación, teníamos una licenciatura en Física con la especialidad de Informática y Electrónica y aquí rompimos una lanza en favor de la Ingeniería Informática.
Y es verdad que éramos pocas, pero luego cada vez hemos ido siendo menos. Los datos globales a nivel estado español nos dicen que de los años 80, que éramos el 30 % de mujeres, fue cayendo en picado en todas las áreas STEM en general, pero en informática en particular. Y pasábamos de ese 30 % en los años 80 al peor dato que teníamos en alrededor del año 2016 con un 12 % de mujeres matriculadas en informática.
Y por suerte, gracias a todas las acciones que se están llevando en España a cabo para fomentar y quitar esos miedos, esos sesgos y esos estereotipos que afectan a las niñas y también a los niños para ver que esto es una profesión también para para mujeres, pues hemos conseguido romper la tendencia y estar por encima del 17 % en la actualidad, que sigue estando muy lejos todavía de ser el ideal, pero que vamos viendo como poco a poco vamos dando pequeños pasos y avanzando hacia un cambio real.
Aunque todavía nos queda mucho por hacer y debamos tener presente que esto no depende de decisiones y preferencias individuales, que es un problema estructural que aleja a las niñas de estas profesiones que en realidad sí les gustan, pero tienen miedos y barreras que las frenan en lanzarse a ello.
Muchas veces pues por el miedo de sus propias familias o del profesorado, les recomiendan que no cojan estas titulaciones, o por la idea de que ser informáticos o informáticas es el típico friki que está en un sótano... Todos estos elementos, junto con muchos otros, hacen que ellas no vean su futuro dentro de esta profesión, aunque sí que les gustaría y es en lo que trabajamos para que para que todas estas barreras desaparezcan.
- Fuiste la primera mujer en dirigir el Departamento de Informática de la Universidad de Valencia. ¿Qué barreras invisibles siguen encontrando las mujeres cuando llegan a puestos de liderazgo tecnológico?
Sí, la verdad es que tuve el enorme placer y la suerte de ser la primera mujer en dirigir el departamento de informática de la Universitat de Valencia. Es un departamento muy grande, con alrededor de 100 personas, quizá ahora un poco más, en el que, pues igual que en las titulaciones de informática éramos una minoría de mujeres, estábamos rondando el 25 %.
Y sí que es cierto que a mí el convertirme en directora me hizo me hizo ver algunas desigualdades que hasta ese momento quizá no era tan consciente. Y esto es algo que nos pasa a muchas mujeres: que tenemos tan normalizada la desigualdad, tenemos tan normalizadas estas barreras, esta manera diferente de percibir el liderazgo que no somos conscientes de ello.
Además, a mí en esto siempre me gusta decir que en realidad la pregunta sobre las barreras que nos hemos encontrado y que, al final con mucho trabajo, conseguimos hacer conscientes todas esas todas esas desigualdades que vivimos, pequeñas desigualdades que normalizamos, una respuesta pues quizá poco adecuada, un trato diferenciado quizá muchas veces sin ni siquiera darse cuenta, dudar de nuestra manera de liderar porque es, por desgracia, poco frecuente que las mujeres estemos liderando, que hace que vivamos estas desigualdades y las vivamos todas.
En el estudio que hicimos en el Ministerio de Ciencia e Innovación y Universidades sobre mujeres e innovación quedaba muy patente. Recuerdo cuando estuvimos haciendo las entrevistas de los focus group, que todas nos contestaban más o menos lo mismo. La pregunta sobre qué retos habían vivido, la primera es que asumían reto como obstáculo y la segunda que todas decían esto mismo que te comento: que no habíamos sufrido desigualdades y cuando al final empezábamos a tirar del hilo y a preguntar realmente aparecían situaciones complicadas que dices: pero bueno, ¿cómo no son conscientes de ello?
Y al final lo que ocurre es que esto es un poco el sesgo del superviviente, en este caso el sesgo de las supervivientes. Si estamos aquí, si podemos, si tenemos la oportunidad de poder llegar a una posición de liderazgo, realmente los obstáculos que nosotras hemos sufrido no son los más graves o hemos tenido el apoyo suficiente para para superarlos. Quizá deberíamos de preguntar a todas las que lo intentaron, no consiguieron llegar a tener éxito y abandonaron su profesión.
Yo por suerte he tenido la oportunidad de rodearme de grandísimas personas, especialmente de grandísimas mujeres que me han acompañado en este camino y para mí trabajar con otras mujeres dentro del ámbito de la informática ha supuesto esa posibilidad de seguir avanzando, de seguir luchando y de no dejarme vencer por las por las desigualdades.
- Desde iniciativas como Girls4STEM habéis trabajado mucho con niñas y adolescentes. ¿Qué mensaje o prejuicio crees que todavía aleja a muchas chicas de la ingeniería informática?
En cuanto a esas barreras, esos mensajes, esos prejuicios, pues te comentaba al principio, tenemos muchos. Primero, las niñas a partir de los 6 años empiezan a pensar que no son muy inteligentes y que solo los niños son muy inteligentes. Hay un estudio de la revista Science que mostraba este resultado.
Y claro, el problema es que asociamos el ser muy inteligente con tener capacidades matemáticas y con tener capacidades para la ciencia. Y además, se asume que las ingenierías y las titulaciones relacionadas con STEM son muy difíciles y, por lo tanto, claro, si las niñas dejan de verse como muy inteligentes, ya tenemos una primera barrera que las aleja de estas áreas.
Luego, pues la invisibilización que han sufrido las mujeres en todas las áreas de conocimiento y que han estado presentes en la ciencia y en todas las ramas: en historia, en política, en filosofía... En todas las áreas de conocimiento ha habido mujeres que han hecho aportaciones importantes y que no las conocemos.
Se habla mucho de que el hombre puso el pie en la Luna, pero poco se habla de que si no hubiera sido precisamente por una mujer —entre otras, porque hubo muchas, pero a mí me gusta siempre recordar a Margaret Hamilton, la que acuñó en su día el término 'ingeniería del software', entre otras cosas porque yo durante muchos años di la asignatura de ingeniería del software— pues si no hubiera sido por ella, no hubiera sido posible el alunizaje.
Tenemos pocos referentes de mujeres en los que las niñas puedan verse identificadas y en los que los niños entiendan que esto también son áreas para las mujeres.
Vivimos en una sociedad en la que todas las personas tenemos nuestros sesgos; perviven los estereotipos de género, no somos conscientes de ello y tratamos de manera diferente a niñas y niños. Les socializamos de manera diferente y esto al final acaba generando también esas diferencias y esas barreras que frenan el avance de las mujeres y esa capacidad de elección de las niñas, que parece que eligen otras áreas cuando en realidad lo que ocurre es que la elección no es libre, sino que está condicionada por todo su contexto y las hace alejarse de este tipo de vocaciones.
- En tus investigaciones hablas de una inteligencia artificial ética, diversa e igualitaria. En un momento de auge de la IA, ¿cuál es el principal riesgo de desarrollar tecnología sin perspectiva de género?
La sociedad en la que vivimos para todos los ámbitos de conocimiento, ya estemos hablando de medicina, farmacología, industria, ha sido desarrollada tomando como modelo de referencia el hombre, pero además el hombre de unas determinadas características en las que ni siquiera encajan la mayoría de los hombres, porque tiene que ser un hombre caucásico, de mediana edad, con un nivel adquisitivo medio-alto y es muy difícil encajar en esa caja. Prácticamente no encaja nadie, solo podríamos colocar ahí prácticamente un dos, un tres por ciento de la población mundial.
Tenemos una sociedad que está diseñada para ese pequeño porcentaje de personas y que al mismo tiempo recoge datos solamente o mayoritariamente de este perfil de personas. Tenemos muchos menos datos para trabajar sobre mujeres, pero también tenemos menos datos de personas racializadas, de personas muy mayores, de personas pues con unas tipologías de cuerpos no normativos, es decir, si no encajamos en esa norma no hay datos sobre nosotras y sobre nosotros. Y al final, la inteligencia artificial se nutre de todos estos datos.
Por lo tanto, no hace más que reproducir y amplificar estos sesgos que tenemos inherentemente todas las personas, y además con el agravante de que cuando utilizamos una tecnología, ya sea porque le decimos a una persona que esto lo ha hecho un algoritmo o que está hecho con IA, al final la percepción que tienen las personas cuando utilizan tecnología y en particular inteligencia artificial, es que es neutra, que la tecnología es neutra, que los algoritmos son neutros, que la inteligencia artificial es neutra y nada más alejado de la realidad.
Primero, porque esta tecnología la están desarrollando personas y los sesgos que tenemos inherentemente todas las personas los transmitimos, los traducimos a todo aquello que hacemos. Y, en el caso particular de la IA, durante todo el proceso, desde que empezamos a diseñar los sistemas hasta que los alimentamos con datos, los entrenamos, durante todas esas etapas se pueden introducir sesgos y esto hace que tengamos una inteligencia artificial que presente muchos sesgos, no solo de género, sino de cualquier otro tipo. Estamos hablando de un montón de elementos adicionales que intersectan con el género y que generan una situación particular de desigualdad para cada persona.
Y tener además esta idea de que la IA es neutra y las personas que la utilizan creer que lo es... de hecho tenemos estudios que nos dicen que personas de áreas concretas que les da una recomendación falsa , se lo creen por encima de sus propios conocimientos, con lo cual es muy peligroso que no tengamos esa capacidad crítica. Y aun, pues las personas de las quienes somos un poco millennial, un poco boomer, pues tenemos la suerte de haber crecido en una sociedad en la que no teníamos esta tecnología y haber podido desarrollar nuestro espíritu crítico.
Las generaciones más jóvenes, por el contrario, han crecido ya rodeadas de esta tecnología y siendo menos críticas, en especial los niños y niñas que tenemos actualmente y que están utilizando cotidianamente la inteligencia artificial, pues tenemos que insistir mucho en esa capacidad crítica que tienen que desarrollar para poder utilizar la tecnología de manera ética, responsable, diversa e igualitaria.
Y para esto, pues es muy importante tener en cuenta que no se trata, por supuestísimo, de pensar que no debemos enseñarles cómo utilizar la tecnología, para nada, para todas las tecnologías, para todas las herramientas, para todas las opciones de vida hay un momento en el que debemos acompañarles y que conozcan en este caso cómo utilizar la tecnología, cómo utilizar la inteligencia artificial, y lo que necesitan es mucha formación, mucho acompañamiento y también, por supuesto, necesitamos ayudar a las familias que en muchas ocasiones no tienen tampoco este conocimiento.
Yo creo que la inteligencia artificial no es un problema, es una oportunidad, pero que debemos tener cuidado a la hora de hacer uso para no generar nuevas desigualdades, sino que nos ayude a resolver los problemas que tenemos hoy en la sociedad, desde el cambio climático hasta las hambrunas, etcétera.
- Has combinado universidad, investigación, gestión pública y divulgación. ¿Qué has aprendido al pasar de la academia a espacios de decisión política relacionados con ciencia e innovación?
Yo siempre tengo un problema y es que no sé decir que no y por eso me han ofrecido distintas posibilidades de desarrollo profesional, tanto dentro del ámbito universitario, que era lo que me correspondía como profesora titular que soy, pero también me he embarcado en muchas actividades de gestión dentro de la universidad, como la dirección del Departamento de Informática, la dirección de la Cátedra de Brecha Digital de Género entre la Universidad de Valencia y la Generalitat Valenciana, y después la Conselleria de Innovación, Universidades, Ciencia y Sociedad Digital y la dirección territorial de Valencia, y finalmente en el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades como directora de la Unidad de Mujeres y Ciencia.
Y todas estas veces pues ha sido porque me han gustado mucho las propuestas y no sé decir que no. Entonces, la verdad es que me ha supuesto una oportunidad de crecimiento tanto profesional como personal enorme el poder conocer otras realidades. Es verdad que dentro del ámbito de la academia vivimos en una especie de burbuja y creemos que el mundo es lo que pasa dentro de las paredes de las universidades y aunque tenemos mucho contacto con empresas, con personas de diferentes ámbitos, pues al final no deja de ser eso, una pequeña burbuja.
Y tener la posibilidad de salir fuera en otras administraciones, tener esas posibilidades de trabajar haciendo divulgación, que también me encanta, a mí lo que me ha permitido es apasionarme por mi trabajo y disfrutar cada día un poco más y aprender de muchísima gente y ofrecerles a todas las personas con las que he trabajado mi esfuerzo y mi dedicación. Lo que me llevo es un aprendizaje enorme y un agradecimiento enorme a todas las personas con las que he compartido cada una de esas posiciones por las que he pasado. Gracias, gracias y mil gracias a todas las mujeres y hombres y todas las personas con las que he trabajado por todo lo que me han aportado y por todo lo que lo que he aprendido.
- Si pudieras hablar con una niña de 12 años que duda si dedicarse a la tecnología porque “eso no es para ella”, ¿qué le dirías?
Le diría que no lo dude, que por supuesto que es para para ella.
Y también le diría que es cierto que la vida es complicada a veces; que no sirve esto de 'si tú quieres puedes', porque a veces es tremendamente difícil y decirle a alguien que solo está en sus manos es cargarle con demasiada responsabilidad y a veces no es justo.
Le diría que sí, que es posible que el camino sea difícil, pero que no va a estar sola en ese camino. Que se va a encontrar, igual que me encontré yo, con muchas personas que vamos a estar dispuestas a ayudarla y acompañarla en ese camino, y que vamos a conseguir juntas recorrerlo.



