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El Consejo General de Ingeniería Informática advierte contra la simplificación de culpar a las pantallas y defiende una integración crítica, ética y pedagógica de la tecnología tras los últimos datos del Informe PISA

Tras conocerse los nuevos datos del Informe PISA, es comprensible que surjan debates y que muchas miradas apunten directamente a la utilización de las pantallas en las aulas como uno de los grandes culpables de los resultados obtenidos por nuestro país. Desde el Consejo General de Ingeniería Informática creemos que caer en la demonización de la tecnología o en prohibiciones generalizadas es un error, ya que confunde la herramienta con el uso que se hace de la misma.
La comparativa internacional demuestra que no existe una relación directa entre usar la tecnología y obtener peores resultados académicos. Si miramos el ejemplo de Estonia frente a España, vemos que un rendimiento excelente —liderando los primeros puestos europeos en Ciencias y Matemáticas, y en puestos de honor en Lectura— convive de manera totalmente natural con unos niveles de digitalización escolar similares o superiores a los nuestros. En el sistema estonio, los estudiantes dedican una media de 1,5 horas al día a dispositivos digitales para aprender (frente a las 1,4 horas de España), mientras que el uso semanal de chatbots de inteligencia artificial alcanza al 58% del alumnado frente al 54% en nuestro país. El problema no es que se utilice, sino cómo se utiliza.
Además, mientras que en España se ha optado de forma generalizada por restricciones muy estrictas que afectan al 86% de los centros con prohibición de móviles, Estonia gestiona esta realidad con apenas un 26% de prohibiciones totales, apostando firmemente por la regulación formativa y el criterio pedagógico. Este contraste evidencia que la clave no es prohibir el acceso a los dispositivos, sino contar con una buena mediación educativa y una sólida alfabetización digital.
Más allá de los datos comparativos, hay razones de peso para no dar la espalda a la tecnología en las aulas. Por un lado, las herramientas digitales y la inteligencia artificial forman parte indiscutible del tejido productivo y social del siglo XXI; aislar a los jóvenes de su uso competencial en la etapa formativa frena su preparación para el futuro. Por otro lado, el verdadero foco debe estar en el "cómo" y no en el "cuánto": el problema no es la pantalla en sí misma, sino la falta de recursos y de itinerarios pedagógicos adecuados para que los docentes puedan aprovecharlas al máximo.
Desde el CCII abogamos por superar los debates alarmistas y avanzar hacia una estrategia sensata y colaborativa. Reclamamos una apuesta decidida por formar en competencias digitales reales, integrar la inteligencia artificial con ética en las aulas y apoyar a los profesionales que acompañan cada día al alumnado, convirtiendo el reto tecnológico en una auténtica oportunidad de progreso.



